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martes, 5 de mayo de 2020

Caminos en el olvido.

Hay caminos sin descanso, por donde los viajeros vienen y van. En los que dan patadas a las piedras y arrancan las flores que los alegran...
Hasta que todo se termina, se acaba, y el camino se queda vacío, solitario, sin caminantes que dejen huella. Se deteriora por el pasar del tiempo, envejece en la soledad y termina desapareciendo en el recuerdo de aquellos transeúntes en los que fue capaz de dejar su estela...

miércoles, 2 de mayo de 2018

Sueñadiario: Una eternidad llena de segundos.

Hace días que quiero compartir contigo una buena noticia, de esas que esperas con ilusión y que cuando te llegan te hacen llorar, aunque no sean extraordinarias ni únicas. Cuando la recibí te elegí a ti, la persona que llena mi pensamiento y vacía mi corazón, para que fueras mi único cómplice… 

Busco el momento adecuado para hacerlo, para mí ese momento es cada segundo del día, por ti ese momento nunca llega. Pasan los días y esa alegría se ha convertido en tristeza, abrir los ojos cada mañana y ser consciente de que nunca tienes un segundo para mí y yo siempre tengo una eternidad para ti. 

Con amor, tu hija.

En la estantería siempre hay un libro, un libro olvidado, no sabemos por quién. Lo colocamos, lo cambiamos de sitio, lo usamos para calzar la mesa, le damos mil vueltas, pero nunca lo hemos leído. Mamá no es capaz de recordar desde cuando lo tenemos, papá piensa que es mejor donarlo a alguna biblioteca, yo simplemente quiero leerlo, pero ninguno lo ha abierto. 

Debe ser un libro triste, pero más triste debe estar la persona que lo dedicó con amor, que lo dejó intencionadamente sobre la estantería para que lo encontráramos y al leer sus palabras nos acordáramos de ella con cariño. ¡Qué triste es darte cuenta de que esta vida frenética te nubla la mirada! Es triste tener ante tus ojos la despedida más hermosa de una hija para su madre y no recordar de quién es el libro.

viernes, 1 de diciembre de 2017

El amor mata.

Ha llegado la noche y solo el televisor es capaz de desprender algo de luz en el interior de la casa. Sentada sobre su sofá rojo, recostada sobre el pecho de su amado, mirando fijamente la pantalla, llena su mente con recuerdos y su cara con lágrimas. Se siente sola, pero no sabe si más sola que antes de que todo terminara. Buscando una explicación aún sostiene el cuchillo en su mano derecha, mientras que con la izquierda abraza contra su pecho la cabeza ya desangrada.

jueves, 12 de febrero de 2015

Te esperaré eternamente.

Aquellas cortinas rasgadas por el tiempo apenas dejaban pasar la luz del sol. En el interior todo olía a soledad, sonaba a tristeza. Ella paseaba su gélido cuerpo por las estancias en busca de nuevos recuerdos, pero solo encontraba viejos muebles tapados por el polvo del abandono. Él se fue a la guerra para no volver, ella se negó a marcharse…

domingo, 25 de enero de 2015

Viaje a un destino.

El pasaje de avión estaba sobre la mesa cuando llegó a casa, a su lado una botella de champan de la que colgaba una nota que decía: “Te espero”. Nunca ha sabido decirle “no” a una aventura. Preparó la maleta, miró por última vez aquellas paredes llenas de felices recuerdos, cogió la botella y dejó las llaves sobre la mesa. Cerró la puerta para siempre sin saber que le esperaba.  Antes de subir al avión lo llamó para decirle: “En breve el destino nos unirá”. Subió al avión sin mirar atrás, sin llevarse un último recuerdo, sin una última despedida. Una semana después encontraron los restos del avión, su cuerpo nunca apareció.

lunes, 17 de marzo de 2014

Sueñadiario: Dueños del tiempo.

Cuando me desperté esta mañana no me imaginaba que la suave brisa de la mañana me fuera a transportar hasta la verde Villa de Moya, bañarme con su aire puro, vestirme con su abundante naturaleza e inspirarme con el pueblo que vio nacer al gran poeta del mar, Tomás Morales.

Me sentía como una niña con zapatos nuevos. Ilusión y asombro me hacían retroceder en el tiempo, sumergiéndome en una vorágine de letras y arribando a las orillas de hermosos poemas. Caminaba subida en una nube por las estancias de la casa que lo vieron corretear de niño y jugar con las palabras ya de adulto. Sus manuscritos y tinteros que antes cobraban vida cada vez que sus manos los hacían bailar, ahora reposan en vitrinas siendo esclavos de las miradas, dueños del tiempo y cómplices de los recuerdos.