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jueves, 2 de noviembre de 2017

Sueñadiario: Esperando y desesperándome.

Siempre con prisas a donde quiera que vamos, corriendo de un lado para otro y paradójicamente siempre estamos esperando. Esperamos lo bueno, lo malo y lo no tan malo, pero a pesar de tanta espera nunca nos encuentra preparados.

Esperamos que el despertador suene, esperamos a que salga el café, esperamos a la guagua (sabemos su horario, pero tenemos que esperar por ella porque ella no va a esperar por nosotros), esperamos a que abran las tiendas a las 10:00 am, esperamos a que sea nuestro turno en la charcutería y en la carnicería, en la pescadería, en la panadería, en la cafetería… Esperamos a que sea primeros de mes para cobrar, esperamos que nos salga trabajo, esperamos llamadas que nunca llegan. Esperamos que llegue nuestro primer amor, esperamos que salga bien la primera cita, esperamos que nuestra pareja nos pida matrimonio, esperamos que nos digan que sí, y si dicen que no, esperamos superarlo, y una vez superado, esperamos con ilusión la llegada de un nuevo amor.

lunes, 17 de marzo de 2014

Sueñadiario: Dueños del tiempo.

Cuando me desperté esta mañana no me imaginaba que la suave brisa de la mañana me fuera a transportar hasta la verde Villa de Moya, bañarme con su aire puro, vestirme con su abundante naturaleza e inspirarme con el pueblo que vio nacer al gran poeta del mar, Tomás Morales.

Me sentía como una niña con zapatos nuevos. Ilusión y asombro me hacían retroceder en el tiempo, sumergiéndome en una vorágine de letras y arribando a las orillas de hermosos poemas. Caminaba subida en una nube por las estancias de la casa que lo vieron corretear de niño y jugar con las palabras ya de adulto. Sus manuscritos y tinteros que antes cobraban vida cada vez que sus manos los hacían bailar, ahora reposan en vitrinas siendo esclavos de las miradas, dueños del tiempo y cómplices de los recuerdos.

sábado, 8 de marzo de 2014

Sueñadiario: El despertador.

Hoy me he despertado de mala gana. Lo admito, tiré el despertador contra la pared y me lo cargué del viaje, llovieron piezas del pobre despertador por toda la habitación. Al principio me alegré de no tener despertador, hasta lo celebré saltando de la cama para marcarme el baile de celebración. Celebración que me duró poco porque me clavé los trocitos del pobre despertador en los pies. ¡Ay qué dolor!

Tocó limpiar el estropicio si no quería que además de mí alguien más resultara herido. Mientras recogía me acordé de mi amigo Juanillo, al que me encontré el otro día después de las pruebas para entrar en el equipo. Estaba acalorado el chiquillo, nunca lo había visto tan apurado y le pregunté que le había pasado:

domingo, 16 de febrero de 2014

La eterna noche

Era una gran noche, iba a recoger el premio que reconocía su gran carrera profesional. Todo estaba preparado en el Coliseum Theatre de Londres para recibirla. Las luces, la orquesta, el público, el premio.
Ella en el hall de la casa se atusaba el pelo, se retocaba el maquillaje, se alisaba el traje, miraba la hora en el reloj de pared y regresaba su mirada al espejo para ensayar su mejor sonrisa. Y una vez más volvía a empezar. Se atusaba, se retocaba, se alisaba, miraba el reloj y ensayaba la sonrisa. Así pasó toda la noche.

Y una vez más vuelve a empezar. Se atusa, se retoca, se alisa, mira el reloj y ensaya la sonrisa. Y  así pasará el resto de noches de su no-vida.