- Dime qué es el amor.
Y ante tal pregunta me quedé muda. Esparramé mi mirada por la cafetería, buscaba algún cómplice entre la gente pero no encontré ninguna cara amiga. ¿Cuánto tiempo llevaba callada? ¿Media hora? Se me estaba haciendo eterno, pero por su cara noté que aún estaba a tiempo de reconducir la conversación antes de que empezara a ser un silencio incómodo. Intenté darle un giro, pero no me sirvió de nada. Él quería su respuesta, lo notaba en sus ojos atentos al movimiento de mis labios y mis labios querían huir, esconderse en el bolsillo izquierdo de la camisa, el que estratégicamente esconde mi corazón. Entre más lo pensaba, más quería esconderme yo también, pero yo solo veía un escondite posible, su corazón.


