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sábado, 4 de noviembre de 2017

Una historia más...(3)

Ya han pasado dos días y sigo despertándome con esta sensación, es cómo si ya estuviera todo perdido, pero aún me quedara un rayo de esperanza, lo que queda es el rayo de sol que me está dando en toda la cara. “¡Cierra la ventana! ¡espabila y ciérrala!”, dice mi cerebro que empieza a recalentarse.

Estoy tan ploff que solo mi mente es capaz de moverse, me imagino cerrando la ventana, veo mis piernas dirigiéndome hacia ella, mis manos cerrándola, e incluso corriendo las cortinas para que no entre la claridad del sol… pero sigo en la cama, mirando el móvil y dejando escapar mi pequeña esperanza por la ventana que no he sido capaz de cerrar a tiempo. “¡Cuidado al cruzar la calle!¡No te vayas lejos!”, tendría que haberle dicho eso por si la quiero recuperar.

martes, 20 de enero de 2015

Una historia más... (2)


Ante tal desastrosa cita no pude hacer otra cosa que darlo todo por perdido. No se me podía pasar por la mente que él quisiera volver a verme. Yo, por si acaso se había quedado con ganas de reírse un poco más, no paraba de mirar mi móvil. Nada, ni llamadas ni mensajes ni un triste whatsapp. Quizás ya era hora de resetearme… ¿Lo hago o no lo hago? ¿Lo olvido o espero un poco más? Menuda imagen, yo como una loca en mi habitación caminando de un lado para otro. ¡¡Oooops!! Creo que ya empezaba a abrir una brecha en el suelo, así sería más fácil caer cuando dijera “tierra trágame”. Pero ni yo lo dije ni la tierra se abrió. Así que intenté pensar en otras cosas, repito, lo intenté porque su imagen seguía en mi cabeza y me dejaba mirando hacia el vacío con cara de tonta. ¿Qué cuál es la cara de tonta? Pues la misma de todos los días, pero con la boca abierta sin explicación razonable para cualquier persona que me pueda estar viendo.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Una historia más...

- Dime qué es el amor.


Y ante tal pregunta me quedé muda. Esparramé mi mirada por la cafetería, buscaba algún cómplice entre la gente pero no encontré ninguna cara amiga. ¿Cuánto tiempo llevaba callada? ¿Media hora? Se me estaba haciendo eterno, pero por su cara noté que aún estaba a tiempo de reconducir la conversación antes de que empezara a ser un silencio incómodo. Intenté darle un giro, pero no me sirvió de nada. Él quería su respuesta, lo notaba en sus ojos atentos al movimiento de mis labios y mis labios querían huir, esconderse en el bolsillo izquierdo de la camisa, el que estratégicamente esconde mi corazón. Entre más lo pensaba, más quería esconderme yo también, pero yo solo veía un escondite posible, su corazón.