Ya han pasado dos días y sigo despertándome con esta sensación, es cómo si ya estuviera todo perdido, pero aún me quedara un rayo de esperanza, lo que queda es el rayo de sol que me está dando en toda la cara. “¡Cierra la ventana! ¡espabila y ciérrala!”, dice mi cerebro que empieza a recalentarse.
Estoy tan ploff que solo mi mente es capaz de moverse, me imagino cerrando la ventana, veo mis piernas dirigiéndome hacia ella, mis manos cerrándola, e incluso corriendo las cortinas para que no entre la claridad del sol… pero sigo en la cama, mirando el móvil y dejando escapar mi pequeña esperanza por la ventana que no he sido capaz de cerrar a tiempo. “¡Cuidado al cruzar la calle!¡No te vayas lejos!”, tendría que haberle dicho eso por si la quiero recuperar.


